Nadie sabe lo de tu casa del árbol. Nadie sabe que es ahí donde vas buscando la calma. Es terriblemente cruel vivir. Nadie sabe las veces que has deseado ser diferente. Que has soñado con no ser el centro de sus burlas. Con ser lo que ellos llaman: guay. Con pasar de puntillas. Por eso lo del árbol y lo del refugio. Y lo de los secretos y no fiarse de nadie. Por eso lo de las manos siempre frías y el corazón eternamente caliente. Si supieran...si lograran entenderlo. Si te dejasen sacar todo ese valor escondido. La verían. La luz. La fuerza, el calor.
O tal vez lo vieron desde el principio. Antes de que tú lo vieras. Da mucho miedo, aterra. Es mejor hacerte creer que no lo tienes que enfrentarte a él. Eso es lo que te hicieron pensar. De ahí las burlas, las palizas, los labios púrpuras. Para que lo asumas. Para que absorbas que el problema eres tú, que la diferente eres tú y que hay que ser cruel contigo porque eres mala.
Cuantas veces lo has intentado. Cuantas veces te has creído su discurso. Cuantas veces te has castigado. Tampoco lo saben. Pero tú pecho y tu cabeza han perdido la cuenta. Cuantos espejos rotos, cuántas veces te has maldecido. Lo han conseguido. Romperte, anular te. Que te tragues tú luz.
Tal vez sea la hora de sacarla, de llevar la contraria, de decirles basta o tal vez es demasiado tarde y se está muy bien así como estás, refugiándose en un árbol. O incluso tal vez tengan razón y sobras.
Bella, guapa y valiente, no hagas caso. Te temen y te envidian. Se que mis palabras no te sirven pero te las digo ahora que las necesitas y siempre que me lo pidas.
Con un italiano con nombre de dios del amor cierro este post sobre como la crueldad destruye talentos...y vidas.

Comentarios
Publicar un comentario