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BEBERÉ LOS VIENTOS CORRECTOS

 Empiezo a sospecharlo. Lo que buscas, lo tienes delante. Tan cierto como que lo que intuyes, acaba siendo cierto. Y ahora lo sospecho, que es la antesala de tener la certeza. Sospecho que tenías razón, que no eras la Caperucita, ni ninguna princesa, y que nuestra vida no era ningún cuento. Sospecho que al final, solo yo me quiero. Sospecho que estaban en lo cierto, cuando te señalaban con el dedo. Que no eran infundados los rumores. Sospecho que defendí una causa perdida, que me equivoqué. Y acaba siendo verdad, ya lo es, que el refranero ahora no se equivoca y que el río llevaba agua. De esa que no has de beber.


Y bebí. Llené mi garganta del agua equivocada. Pero que iba a saber, si cuando de sed se trata, lo que importa es calmarla. Es como el amor, si se siente, hay que calmarlo, llenarlo...como la garganta. Repartirlo por cada célula, cada poro, que no se quede ninguno seco. Y las sospechas se cumplieron, tanto beber, tanto pregonar amor, que resultó un empacho de los grandes. Es el peligro de no mantener la calma, de dejarse llevar, de fiarse.

No eran voces equivocadas, ni avisos en vano, ni desafortunadas casualidades. Eran tus circunstancias, tus partes, tus protocolos de acción. Una pequeña chispa, un ensayo de lo que vendría después. Y ahora qué....

Ahora tengo sed y no quiero beber. No me fío del agua, ni de la tuya ni de ninguna, no quiero reconocer que la sed y el amor van de la mano, están unidas, como antaño reconocí. Empiezo a sospechar que hay otra manera, otra forma de saciarme... siempre hay alternativa a todo. A lo mejor el problema no es la sed...el problema es que el agua correcta no está cerca. Mientras quédate con lo que tienes delante... las sospechas así me lo dicen. Solo veo brisa y paisajes. Ya sé, hasta que el agua correcta no aparezca, beberé los vientos.

Nos dejó con toda la poesía y los mensajes, más sencillos de lo que parecían. Con este tema llamado Agua, cierro el post.



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