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COPLAS DE UN TRISTE PAYASO

 Hacen falta muchas. Sonrisas para que las cosas vayan mucho mejor. En un mundo ideal, las sonrisas serían las monedas de cambio. Sería estupendo. Me dijeron que nunca volvería a sonreír, me dijeron que era frío y distante. Era porque no te conocía. Ahora nos partimos de risa. Nos doblamos la espalda a carcajadas. Nos entendemos así, sonrisa tras sonrisa. Ese es nuestro lenguaje. No ha sido fácil. Darme cuenta que se trataba de eso. De poner una sonrisa. Faltan muchas si...pero hay tantos tipos de sonrisas que serán suficientes para curar. Para acabar con las heridas del corazón. Reírse y llorar, reírse y enfadarse y reírse para sentir... si sobretodo para eso. Me has curado y me curas.


No era yo el enfermo...ni lo eras tú. Es la sociedad,  que se empeña en negar lo evidente. Lo fácil que es hacer el bien. Lo bonito de ayudar. Lo sano que te sonrían de verdad y tú sonreír.  No hay mal que lo resista. Aunque desahuciado, roto o sin salida, la caída es mucho más dulce. Lo supiste a la primera, no tuvieron que explicarte nada. Y cada día, me demostraba que tenías razón. Una clase magistral en toda regla. 

Qué manera de vivir, poniendo por delante la felicidad, esa tan efímera, tan solicitada, tan desaparecida, pero que tú la encuentras cada vez que pestañas. No quiero medallas, ni reconocimiento, ni tampoco quiero comprobar nada, solo disfrutar de tu filosofía de vida y exprimirte cada gota de alegría, para que la compartas conmigo. No estamos locos, ni somos bichos raros, solo queremos las sonrisas que de vez en cuando se le escapan a la tacaña vida. 

Aunque la luz me ciegue y las miradas de los otros me juzguen más que nunca... intentaré no ser el triste de siempre. Con un gran tema de ABBA, otro más... cierro el post de hoy.



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