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EL MISERABLE EMPEÑO POR SENTIR

 Sigue faltando un trozo. Un pedazo grande. Habrá que seguir andando, con los ojos cerrados. Con los pies sangrantes, los puños apretados. Y luciendo sonrisas, recargando la esperanza. Y por supuesto, que no falte, una mochila enorme llena de paciencia. Sin límite. Hace falta mucha. Nada de escuchar gritos, nada de ir con la cabeza baja. Nada de quejarte de lo mucho que duelen las más de mil heridas de tu cuerpo. Nada de mirar atrás, nada de usar las rodillas. Falta sí, un poco, mucho o bastante, lo que tú quieras. Pero es la perra vida, la que te pone retos, etapas, metas imposibles. La que dicta las normas. La que se asegura ganar. Pero y lo dulce que será, cuando ganemos...Lo haremos, ganar, victoria a victoria, día a día. Aunque sea irremontable. Somos los mejores...y eso la vida, no lo sabe. Ni se lo espera.



Llegaremos hasta el mar, hasta el final del arcoiris, o hasta la última dichosa casilla de este juego imposible que se ha inventado la vida. Y ganaremos porque tenemos la carta ganadora, el truco final, lo que desmonta todas y cada una de sus pérfidas trampas. Esa carta se llama: SENTIR. Ni entender, ni pensar, solo sentir. Sentir y actuar, sentir y avanzar, sentir y creer. Partido a partido, latido a latido. No tendremos paciencia, pero no queremos perder y no vamos a hacerlo. 
Ya empieza a notarse su miedo, ya empieza a quedarse sin ideas. Ha perdido la anticipación, el control de saber que vamos a hacer en cada momento. Le estamos despistando a cada instante, y le desespera que sigamos avanzando, que sigamos pensando con rotundidad que vamos a ganar. Hasta ahora, todo derrotas, algunas muy dolorosas, pero al final vamos a ganar. A conseguirlo, la Copa es nuestra. Porque somos los mejores y estamos jugando como nunca de bien. Solo hay que esperar. No rendirse y cuando llegue el momento sacar la super arma poderosa que tenemos: la sonrisa. 
Y levantaremos los puños, nos tumbaremos justo encima de la meta, con el trofeo. No habrá lágrimas, no habrá dolor. No habrá quejas, ni lamentos, ni rencor. Solo el alivio, de saber que hemos cambiado. Que nos hemos vuelto ganadores, supervivientes, héroes diarios. Esta perra vida nos quitó todas las cartas pero nos ha hecho mejores. Imparables. Felices. Porque descubrimos que no es entender, sino sentir. 

Y es que un corazón cabezón empeñado en conseguirlo...es la mejor carta. Como dice Zahara en esta canción, no sabemos contra quién luchamos...o si luchamos contra todos.


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