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AGUJEROS DE MANZANA

Al final me pudri. De tanto ponerme con manzanas podridas...me convertí en una de ellas. Nada más caer del árbol. Condenado a ser una fruta podrida. Como todas las de tu huerto. Así somos todos iguales. No comestibles, no gustosas, feas, apartadas, tiradas frutas. Con la denominación de origen de la basura por etiqueta. Así vamos madurando, sabiendo que nadie nos va a querer comer, que nadie va a querer comprarnos, que harán con nosotros cualquier otra cosa diferente a mermelada o tartas. Que solo se acercarán gusanos, larvas o insectos que no les importa la fealdad, las marcas, el que no seamos válidos.



Por eso no me arreglé. Por eso nunca me preocupe por ser la manzana más bonita o por tratar de no perder el color tan sano y natural que me hiciera apetecible. Nunca quise darme cuenta que era de la mejor cosecha que podría existir. Que tenía de los mejores sabores, que si me probaban era un placer. Y me empeñé en pudrirme, en marchitarme. Tal cual tú me enseñaste desde pequeño. Que mi destino, era la basura. Todo lo malo, lo peor. Que jamás pensase que estaría en un escaparate. 

Así que toda mi condenada vida fue oscura, fría y solitaria. Solo oyendo tu voz, tu reproche, viendo tu dedo acusador culparme de tu desdicha. Nada de lo que pudiera hacer o decir me serviría de nada. Mejor ahorrarme los abrazos, los besos, las sonrisas. Son secundarios e inútiles, no me aportarán nada, mejor ni pedírtelos. 
Ser la manzana podrida más seca y dura del mundo y la más orgullosa de serlo. Porque pertenecemos a la dinastía de las manzanas podridas gourmet.
Tanto tiempo he deseado ser comido, pintado, visto como una manzana brillante, genuina, digna. Tanto he deseado no estar sola, excluida, rechazada sin motivo. Tanto viví así, que me lo creí. Y me llene de agujeros, de cicatrices. Se me secó la piel, perdí brillo y me arrugue. Vinieron las moscas y me dejaron sin vida, sin alma, al borde de la extinción. Pero las manzanas como los humanos...tienen corazón. Y jamás llegue a perderlo, nunca se marchitó. Tampoco llegó a ser devorado. Un buen día resurgió, brotó, con luz, agua y mucho cariño propio, para convertirse en una manzana golden. La que siempre fui. La que no me dejaste ser. La que todo gusano deseará atravesar. La más dulce...por eso querías que me pudriese.

No voy a disculparme contigo, sería al revés. Solo me centraré en demostrarte lo que realmente siempre fui...la manzana más dulce. La más bonita de tu rama. Aunque nunca me hayas permitido serlo. Con estos grandes de la música cierro este post sobre descubrir que bajo montones de pudredumbre autoimpuesta, estaba mi verdadero brillo. 



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