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A LOMOS DE UN BOOMERANG

 He aprendido algo. Muchas cosas. Después de vivir en permanente caos, lo he descubierto. Los castillos de arena existen. Se montan una y otra vez, se deshacen, pero siempre nos acordamos de ellos cuando volvemos al sitio donde lo hicimos. Cómo la vida. Que siempre te recuerda todas las veces que te construyeron y te caíste. Cada vez que pasas por ahí lo hace. He aprendido que el viento siempre acaba devorando las nubes. Hasta hincharse. Se las lleva con fuerza, intensidad y mucha constancia... hasta dejar el cielo más bonito que nunca. Cómo las tormentas personales...que se van para dejar paso al más brillante de los cielos.


Que la primavera es cada año y viene después del crudo invierno, que existe el azúcar para endulzar lo más amargo y que nunca puedes decir que conoces el límite...porque siempre se acaba moviendo de sitio. Tantas cosas he aprendido. Que cuando sangras es cuando lo ves. Las lágrimas y las heridas no se diferencian tanto. Ambas dejan huellas, recuerdos, cicatrices. Ambas salen de dentro...y ambas casi siempre son sinceras. 

No se puede vivir sin renunciar a sentir, sin darle la importancia que merece a ese tozudo corazón. No se puede vivir de espaldas a él, maquillando sus deseos con egoísmos. Está en el pecho y en todas partes. Como un dios. El amo absoluto del juego de la vida. Otra cosa aprendida. 

Que perdemos el toque, el talento y la habilidad de manera implacable y agónica. Que circulamos por la vida sin conocer las calles ni los barrios y que la suerte se mueve a lomos de un boomerang. Pero siempre nos quedará que necesitamos olvidar para aprender, sufrir para entender y llorar para dormir mejor.  Tu vida se escribe cada día...es imposible estudiarla. Pero te enseña tanto. Y sus lecciones no se olvidan. Cómo montar en bicicleta. 

Volvieron cuando ya nadie creía como el boomerang. Aunque el efecto no fue el mismo. Le cantaban al volver como siempre. Cómo la suerte...como las lecciones aprendidas. Con este tema de los TAKE THAT cierro el post de hoy.






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