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VIVIENDO EN EL PAÍS DE LOS CORAZONES

 El temblor al hablarte. El pestañeo involuntario tuyo. El frío interno que no para de calarte los huesos. El tic nervioso de las piernas. El no saber que hacer con las manos. El beso corto pero de largo nacimiento. El pelo acariciado. El silencio ausente. Las conversaciones estúpidas y las sonrisas forzadas. El solo escucho cascadas. El solo siento mariposas. El tartamudeo. El rozar de tus dedos. El acariciar espaldas. El olor de tu pelo. El intenso azul de mis ojos y el profundo reclamo de tus labios. Es lo que aparece, lo que está, lo que sale, en cada una de las situaciones en las que él toma el mando absoluto. El control de todo.



Con él al mando, la vida es más bonita, más dulce, más ligera. Con él en el trono, como que duele menos todo o mejor dicho... importa menos todo.  Confieso que el mío manda mucho, ocupa el trono a diario desde el principio, pero no tiene puño de hierro...solo fe infinita en su capacidad de acierto.
Y no para de fallar, una y otra vez, y siempre falla en lo mismo. Repitiendo pestañeos, tartamudeos y sensaciones propias de adolescentes, cuando ya hemos entrado en la cuarentena.
Añoro lo que piensa y deseo realmente que fuera todo así, tan sencillo como sentir, sin interferencias de ningún tipo, sin peros, sin pensamientos que estropeen las cosas...Deseo que acierte.

Ojalá todos los tronos del mundo lo ocupasen corazones, o por lo menos como el mío, obstinado, iluso, anclado en una realidad que nunca existió. Todo serían caricias, miradas, pureza, amor y respeto. Y también miedo, ira y decepción. La sinceridad de un corazón no es comparable con nada. Reconozco que en el amor aún lo veo así...y ahí es donde está el problema...mi gran problema. 

Y también llega cuando se parte en miles de trocitos...y toca pegarlo. Una y otra vez...y nunca vuelve a ser el mismo..O puedes ser Maluma y sacarle provecho a la situación y repartir los pedazos...como la canción que me sirve de cierre. 






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