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UNA FRIA MADRIGUERA

Al final solo había frío, y nieve. Dentro de aquella caja que tú llamaste promesa, no había nada. Vacío, hielo. Y otra vez te creí. Y otra vez me ilusioné. Como los niños pequeños la noche de reyes. Culpa mía, solo mía. Siempre digo que no volveré a caer y caigo. Si al final van a tener razón, soy idiota en el amor y en la vida. Así me va. Soy de los que aún lleva capa, va a caballo y piensa que la espada solo es un palo de la baraja, que no me hace falta. 

Y aunque no seas tú, será otra persona, la que me vuelva a prometer algo bonito, la que me vuelva a hacer pensar que esa vez sí se cumplirá. 



Podría hacer lo mismo. Prometerte que siempre te recordaré con cariño, prometerte risas, felicidad y buenas cosas. O simplemente prometerte lo que necesites. Como el genio de la lámpara pero sin fin. Pero no lo haré, porque no hace falta. Ni tú necesitas que te lo prometa ni yo puedo prometer algo sabiendo que no lo cumpliré.

Una vez más me meteré en la cueva, en la fría y gélida madriguera y a esperar, que nadie prometa sino que cumpla, que nadie se olvide que mi corazón, maldito él, se acuerda de todo, incluido lo que alguien alguna vez le prometió. Y esperaré que pase el verano, el invierno y las estaciones enteras sin otras provisiones para aguantar la espera que creer que de ilusiones , esperanzas y promesas, también se come. 

Si le fallas a una bruja prometiendole cosas puede ser que se convierta en tu peor pesadilla...eso es lo que debieron pensar los Cranberries, con Dolores O riordan a la cabeza, cuando hicieron está canción que me sirve para cerrar el post sobre el daño que hace ir prometiendo cosas, sobretodo si al que se las prometes como a mí, se ilusiona esperando que las cumplas. 







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