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BAILANDO CON VELAS

 Fuera llueve. Como siempre que soplo las velas, cómo queriéndome recordar la tormenta que incansable me persigue. Ha llegado el viento también, tarde pero justo para conseguir ponerlo todo patas arriba. Y estan todos, los que vigilan que siga desterrado, los que me ayudaron a subir, los que me encontré abajo y el mejor regalo de mi vida que me convirtió en rey. Tal vez falten cosas pero ahora mismo no importa. Vendrán. Y se irán otras. Y cuando menos lo esperes soplas otra vez. Vuelve el circo, los juicios y los fallos. Volveré a equivocarme y a oír los aplausos cuando lo haga. Y los silencios cuando acierte y lo consiga. 



Quieres que baile, que lo celebre con una amplia sonrisa, la que te prometo cada año para este día y la misma que me sale cuando es el tuyo. Y suena la misma música de todos los años mientras pienso el deseo justo antes de soplar. No hay que pensarlo mucho, el que te venga, el que te nazca del corazón. Total por desgracia nunca se cumple. Quizás es por qué es demasiado imposible o quizás por qué eso de desear mientras se apagan las velas no deje de ser una dicha popular y punto. 

De repente encuentro tus manos, ya es tarde para excusas y quejas, toca ser torpe como en el resto de los días y aguantar el tipo y el momento como se pueda. Eres fina y delicada, con una luz que nunca se apaga como las velas de broma y te esfuerzas en hacer que nunca olvide mis días. Esos en los que me dejan ser rey para todos. 
La tregua se acaba y volverán los lobos a rodearme y yo a defenderme con piedras y espadas de madera. Estos no bailan ni están para fiestas. 

Se juntaron dos, sobrados de talento y cualidades y como no podía ser de otra manera, hicieron una maravilla prácticamente perfecta. Con el clásico resultado de unir a Bowie con Mercury, cierro el post sobre olvidar la presión un día o intentarlo. 







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