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EN UNA CALLE CUALQUIERA

 Fue de casualidad, como todas las cosas importantes. Se acercó y dijo que le gustaba la letra, que lo de menos era que fuera pesimista . Con los ojos tristes y la sonrisa apagada había sido capaz de ver una poesía en un absoluto caos. Gracias a ella, lo vi claro. Por muy torcido que escribas, siempre hay alguien capaz de enderezarlo todo. No la creí. Porque no suelo creer en los halagos fáciles. Soy de recibir palabras de piedra y gestos duros. Y menos sin avisar. Pero sin duda tenía razón. Ella la tenía. Había luz en aquellas líneas negras. Con un chándal por ropa y un evidente desánimo había creado algo bonito. Bello, emotivo. Capaz de hacer reaccionar a un alma como la suya, a oscuras desde hacía tiempo. 



Hizo pompas con la brisa que se escapó de su carcajada y se encendieron las luces, las de sus ojos y la de mi destino. Pero no tiene que preocuparse por nada.  Soy torpe, pesado y terriblemente indeciso en temas de amor. En llevarlo a cabo. Volví a mis líneas oscuras y a mis pantalones de chándal. La de los vestidos elegantes será ella, la del brillo también. 

Gracias a ese momento lo descubrí, mi lugar, mi objetivo, mi fin...darle vida a las sonrisas ajenas olvidadas, a las luces apagadas encerradas en bonitos ojos y a las líneas que tuercen los renglones caprichosamente. Hasta que las pompas sean mías y la luz me ilumine. 

Convertir esas líneas en flechas, puentes y caminos sin espinas, hacer que el amor nazca en una calle cualquiera, y venga sin maquillaje, para durar toda la vida. Lo vi, lo supe y lo empecé a hacer, desde aquella casualidad. 

No intenté quererla, para evitarme el daño de cuando se fuera, como pasó con las demás. Lo mismo que cantó Fito en otras de sus canciones de amor duras y con mensaje. Con un tema de ellos, cierro el post sobre crear amor para no disfrutarlo. 








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