MONSTRUOS DE CALEIDOSCOPIO

 Ves la realidad desde sus ojos. Crees firmemente que estás en lo cierto por mantenerte ahí. Tienes los brazos cargados de llevar a cuestas los mejores momentos. Quieres que te acompañen siempre para recordarte que una vez fue bonito. Genial, espectacular, feliz. Y lo fue. Te engañas pensando que es mejor así. Que lo ideal es hablarle a las paredes y dormir para olvidar. Hay tantos que dependen de ti que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Los cambios siempre siempre dan miedo y los radicales más aún. Lo dejamos como estaba y ya está. Ya sufres tú y solo tú. 


Pero resulta que no es verdad. Que nada lo es. Que nunca hubo nada sincero en esta historia. Ni él te dice la verdad, ni yo estaba en lo cierto, ni tú sentiste lo mismo que decías. Por eso ha ganado y gana la mentira. Cómo siempre. Pierde la ilusión, la paz, la sonrisa y se impone el miedo y el no querer cambiar nada. 

Debe ser que no lo entiendo. Toda la vida presumiendo de conocerte y la realidad me demuestra que jamás te he conocido. Ni siquiera he estado cerca de hacerlo. A mí volverán los fantasmas que nunca se fueron y a tí solo tendrás que aguantar la conciencia de que te equivocas.  Ya no quiero más creerte, ni creerlos, luchar, pelear o intentar sanar. No quiero, y además no debo. Obsesionarse por sanar cuando no tienes arreglo. 

Ni oír hablar de que ella es la mala, ni oír hablar del te lo dije, ni oír los juicios y acusaciones. Ni oír nada de sanaciones espontáneas...con un clásico de los 90, cierro el post...




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