REGALIZ DE MELOCOTÓN

Quiero volver. Y seguramente lo haga. Quiero salir y machacar el aro, hacer la canasta decisiva, como hice una vez. Quiero salvarte, como te he salvado en  tantas ocasiones. Quiero ser providencial, llegar cuando nadie se lo espera, como pasó aquella vez. Quiero ir a las fiestas y convertirte en la estrella de todas. Quiero que te mires y descubras lo que vales, como yo lo descubrí por primera vez. Quiero. Pero no puedo. Porque me falta que él quiera. Y si el corazón no quiere, yo no puedo. Soy incapaz de sacarte una sonrisa, soy incapaz de ponerme en pie de nuevo. Soy incapaz de verlo claro. Soy incapaz de poder.


Fui yo quien se metió ahí. Quién con mi humilde barca te sacó de la tormenta. Yo, quien te dio el único trozo de pan disponible. El que se metió en un lío de padre y muy señor mío. Ese. Y lo peor es que lo volvería a hacer. El que se salió del camino para meterte a tí. El que se puso delante del fuego impidiendo que tú te quemases. 

Por eso se ha enfadado conmigo. Hasta el siempre bonachón y optimista corazón mío se ha puesto furioso. Por gilipollas. Tonto profundo y víctima por deporte. Ya está bien hombre dice...y no le falta razón. Que pida lo que quiera con tal de que me perdone, como si se le antoja una regaliz de melocotón. Pero que vuelva a reir y me haga poder. Brillar y hacer así que brilles tú también...por los viejos tiempos. 

Si hay una mujer con la voz rota es ella, que más que un héroe, necesita caramelos para la tos. Con un clásico ochentero que pide ayuda, cierro el post de hoy sobre autoheroes de pacotilla que se meten en líos....








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