Te iba a querer hasta el fin. Seguramente así será, hasta el final. Cómo todo en mi vida, todo o nada. O si o no, en eso no veo los grises. Me iba a entregar a tí, darte la vida, la paz, la generosidad y todo lo bonito que puedas pensar y necesitar. Lo que a menudo me falta. Y me escasea porque lo doy. Lo di y lo daré. Para nada y sin nada que recibir. Tonto hasta el final. Cómo al principio del post. El fin. Ese que tanto temo y que tanto rodeo y acecho. Llegara y me pondrá en la casilla de inicio, para volver a jugar igual, de la misma manera que siempre.
Me encanta ese juego aunque siempre pierda. O aunque me coman las fichas y caiga en la muerte. Nada de cambiar de juego ni de dejar de jugar. Ni siquiera nada de tomárselo como un juego. En serio, absolutamente en serio y dándolo todo. Mis fichas, mis premios y mi todo. Ya lo he dicho antes. Una y otra vez. Y tan estúpidamente orgulloso.
Nada más que decir ni que escribir , ni adornar ni ponerle matices. Soy un mal jugador porque prefiero que gane el otro. Y si el otro es ella más todavía, que gane, fácil y sin resistencia. Por lo civil o por lo criminal, que no tenga piedad, no soporto la pena. No encontrarás a otro como yo, que enseñe las cartas, antes de jugar y que disimule con tus trampas.
Tienen un montón de canciones que son éxitos y utilizo una esta vez para cerrar el post. Dura pero sincera, la canción y este texto. Con ABBA culmino este escrito.

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