Se que el mundo nunca ha sido mío. Ni por asomo. Que la esperanza me visita a veces pero nunca se queda. Pero se que aunque no lo parezca siempre vuelvo. Siempre repito patrones y ciclos, como el agua, como el aire, como el sol. Se que las banderas las pongo a media asta y de color negro y se que tus sonrisas más sinceras fueron por mí. Se que todo gira pero cada vez estás más lejos y que al final acabas olvidándote de mí. Se que pesan más los llantos que los buenos momentos. Se que el dolor rompe cristales y atraviesa muros. Y que viaja cargado de lecciones.
Se que no las vas abrir, las miles de cartas que te escribí. Se que olvidarás que fui yo quien le puso los ojos claros a la isla bonita y rescató el cuero del fondo de tu armario. Preferirás quedarte con mis ridículos y mis vergüenzas, con mis errores supinos, con mis comparaciones odiosas.
Se que por más que me acerque siempre estaré a kilómetros de ti. Que los besos que alguna vez soñé fueron simples pesadillas y que mis metas se las llevo la tormenta. Se que es mejor que me encierre en un castillo y tire la llave, que no diga donde me voy y que lo haga sin hacer nada de ruido para no molestar.
Y pensar que quise ser pirata, que quise caballero andante y el príncipe que te despertara y en ningún final conseguí serlo.
Con influencia mexicana evidente y nombre de pizzería, consiguieron algunos éxitos como este que me sirve hoy para cerrar el post sobre no parar de equivocarse como nadie.

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