TARDE PARA LOS ABRAZOS

 Te dediqué muchos. Hoy lo escribo para ti otra vez.  Te di mi vida y mi tiempo. Todo. Ahora duele para ti. Todo. Ahora la vida te enseña sus dos caras. Pone de acuerdo el calendario para hacerlo más grande todo. Una locura. Una enorme crueldad. Hay días...y días. Desde luego, será glorioso. Horriblemente glorioso y ruin. Juntar dos fechas tan dispares para hacerlo todo insuperablemente insoportable. Confieso que no lo esperaba. Confieso que es demasiado. Hasta para tí. En mi caso también hizo trizas el calendario para siempre...pero no es momento para hablar de dolores personales pasados míos. Ni aunque fueran por ti. 


Ni siquiera ahora mismo te sirvo. Ni siquiera puedes necesitarme. Ni siquiera puedo acercarme. Ni debo. Es tu momento. De dolor, de rabia y de rodillas hincadas. De dientes, de furia y de gritarle porqué al cielo. De acordarse de lo injusto, de decir que no te lo mereces. De saber que nunca lo superarás y que te va a doler siempre. 

Que en unos años solo quedarán los recuerdos, afilados fríos e inmortales. Que te perseguirán siempre. Que hay demasiadas cosas que lo hacen inolvidable. Me suena. Desgraciadamente me suena. No es comparable. Pero aún así me suena. Por eso se que se no puedes curarte del todo. Que es una cicatriz eterna. 

Ya no me puedes romper más, pero desde mis pedazos rotos te entiendo. Y puedo pedir permiso para abrazarte, pero es tarde. Para eso, para los perdones, para los egoísmos y para pegar los restos. Suscribo todo lo que dice James Morrison en esta pedazo de canción...lo siento, espero haberlo hecho bien...





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