Me sacas a bailar. Me obligas, sabes que no quiero. Pero no es por ti, es por mí. Me coges de las manos y hacemos tus pasos favoritos. Me encanta. Soy un tonto por no hacerlo más. Tonto de remate. Y mientras bailamos me dices que no tienes castillo, pero que vas a reinar toda tu vida. Me dices que el secreto está en el pestañeo, en jugar con los rizos de tu pelo, en sonreír y pedir por favor. Sabes que no eres princesa pero luces como nadie tus vestidos, sabes que tienes el mundo y el futuro en tus pies. Si me dominas a mí como si fuera un títere...uno más. Y que pasará cuando sea viejo...que me acordaré de esto y tendré que asumir que nunca seremos viejos a la vez. Y seguimos bailando...y me sigues dando lecciones. Elegiste acercarte a mi, con tus zapatitos rojos para sacarme a bailar y pisarme. Pero no importa. Para eso estamos, aguantar tus dulces pisadas. Si más torpe que yo... que explicaciones te voy a pedir. Me lo estoy pasando tan bien...como todas y cada...
Confesiones del corazón tras la tormenta.