Es un resplandor. Una luz cegadora. Una flecha aparecida de la nada que te marca el lugar. Ahí es donde tengo que estar. Ahí es donde acabare. No se parece a nada de lo que hayas visto hasta ahora. Me lo imagino por lo que me han contado el uno y el otro, aunque todos son diferentes. No hay dos iguales. En algunos se brilla, en otros reina la oscuridad solemne. Pero inevitablemente tenemos que ir allí. Como una corriente salvaje que te lleva a la catarata, o un callejón sin salida. Parece que no voy a llegar, me frenan, me desvían, me quieren llevar a la zona donde abundan los lugares oscuros. Se que me lo merezco, brillar, volver a los cielos rosas de arcoíris y purpurinas. A las praderas verdes donde habita la brisa mas suave. Me va a llevar la fe, la providencia, la suerte o mis ganas de no rendirme, de no creerme acabado, de cerrar bocas. Me va a llevar que ella cree en mi, me va a llevar que siento que tiene que estar cerca uno de esos lugares brillantes, mas que nada p...
Confesiones del corazón tras la tormenta.