Lo echo de menos. Esas conversaciones de bar con los amigos, agarrando una cerveza o un cubata eterno, arreglando el mundo. No se podía hacer en cualquier bar, tenían que reunirse unas condiciones, un lugar tranquilo, poco iluminado, a ser posible de noche, más bien vacío y con música baja o poco estridente. Tener veintitantos y pasar un viernes noche en un piano bar tomando TRANQUILAMENTE algo con tus amigos, no es muy propio de la gente joven, pero se disfruta más que una noche de juerga loca. Con el tiempo lo he valorado más, sobretodo ahora que no puedo hacer que ese momento se repita. Y digo que no puedo repetirlo por diversos motivos. Lo fundamental, la falta de compañía para hacerlo. No tengo amigos, conocidos muchos pero amigos...Personas con un nivel de complicidad tal para compartir ese momento y disfrutar de similar manera apenas hay. Tampoco es fácil encontrar el lugar, algo parecido a la foto, sofás mullidos y barras de bar pero quizás en la imagen hay excesiva luz. T...
Confesiones del corazón tras la tormenta.