Crei haberla encontrado...pero la perdí. Definitivamente no la he sentido aún, casi la recupero pero no. La tan querida y lograda paz, pero no que va. Se está convirtiendo en una quimera. En el peor de los amores imposibles. Es terca, escurridiza, pero tremendamente atractiva. La quiero, la necesito. Pero no soy el único. La tuve en mis manos, hace unas semanas, la conservé, pero se me ha acabado escurriendo entre los dedos. No voy a intetnar cogerla nunca mas. Me rindo. No está hecha para mí. Me quedo con lo que tengo, lo que soy y con lo que me aporta la vida. Y punto. Para que mas. Lo demás son imposibles, deseos pasajeros, caprichos absurdos de niño mimado y aburrido. Si te fijas está ahi. Y ahí, y ahí. En todas partes. Verse se deja ver, pero no se deja tocar. Está en el despertar de un domingo por la mañana. En el silencio de los pensamientos. En la mano tranquila. En el susurro del corazon en forma de latido. En la respiracion pausada pero ritmica de un bebe en la cuna. Esta...
Confesiones del corazón tras la tormenta.