Se pide o no se pide. Pero si somos lo suficientemente personas de pedirlo, que menos que sea sincero, de verdad. El perdón debe ser como el amor, absoluto sincero, incondicional. No se puede pedir por obligación, compromiso, o simplemente porque es lo que tocaba. No, se pide desde dentro, porque realmente lo quieras hacer... sino es mejor que no lo hagas. Quedarás mal si pero quedaras peor si ese perdón no era verdadero. La cantidad enorme de perdones relativos, falsos y poco convincentes que encontramos día a día, es como mínimo alarmante. Detrás de un perdón debe de haber un arrepentimiento, y por supuesto un reconocimiento claro del error o daño cometidos. Por eso cuesta tanto pedir perdón, por que exige un reconocimiento de una culpa y son poquisimos los que ejercen autocritica como para decirles después que se disculpen. A la larga se ve fácil quien se ha disculpado de verdad y quien no, es una vez más idéntico al amor, se sabe quien ama de verdad y quien no. De entrada aviso...
Confesiones del corazón tras la tormenta.