Disfrútalo. Déjalo que pase, a ver cuánto dura. Se que es extraño, que en el fondo nadie lo desea, yo tampoco, pero tiene que pasar. Ahora mismo es necesario, vital. Ese silencio, esa pausa, ese espacio tan grande de paz en que tantas cosas pasan. Cómo el que nace de un abrazo de amor, el que nace después de la tormenta, como el que te pide el cuerpo después de tanto llorar. A ese me refiero. Ese silencio que mira dentro de ti. Que te arranca de cuajo la solución, la raíz del problema. A ese. Ese que es el único que respeta el tozudo dictador del pecho. Lo has llamado y ha venido. Disfrútalo. Te va a decir todas las respuestas sin hablar. O por lo menos, hará que no pienses que ya es mucho. Te va a decir muchas cosas. Y te repetirá las últimas palabras que oíste. Ese eco que puede ser tan doloroso o tan dulce. Te va a proteger del ruido y de las voces enemigas. Aunque le temas, aunque sus pintas no sean las mejores, sabes que bajo su efímera cobertura, nada te va a pasar. Pe...
Confesiones del corazón tras la tormenta.