Recuerdo perfectamente que hizo que fuera a verte. Insisto en que no soy religioso, pero si reconozco que no podía estar cerca de tí y no verte. Me sorprendiste, por tu tamaño, tu ubicación, y varios días después por tu poder. Estaba en una edad complicada, la peor etapa de la vida dicen, la adolescencia, esa que los cambios hormonales son paralelos a la toma de decisiones en la vida. A parte de la etapa hormonal intensa ir de viaje con tus padres, no es tampoco agradable pero la idea de descansar y contemplar un paisaje como aquel era intrigante y alentador. Curvas y mas curvas, lluvia fina pero incesante, estrechez de camino y paisaje verde, así podría definirse el periplo que pasamos para ir a verte. En ese instante entendí toda tu singularidad, toda la propaganda que tienes es poca. Después de ese camino especial, todavía había otra sorpresa, tu excepcional ubicación, un templo, dentro de una cueva. Estaba allí tenia que acercarme y pedirte algo como manda la tradición. Pu...
Confesiones del corazón tras la tormenta.