N unca lograron hundir el barco. Pese a que crearon tormentas para ello. Nunca consiguieron que cediera un palmo de terreno. Que no viese luz alguna en la más absoluta oscuridad. Puedo estar orgulloso. Puedo dejarlo por escrito. Para que me crean. Para que lo sepan. Que aguanté cañonazos. Que tuve que luchar contra traidores y contra invasores en guerras inacabables y que me quitaron la vista. Que lo noten. Que lo entiendan. Aunque no lo aplaudan. Nunca lo celebrarán. Perdí mi tesoro. Rompieron los mástiles y jamás volveré a tener equilibrio. Pero sigo navegando. Ya no crecen flores ni circulan ríos pero aún tengo mi espacio. Y la vela aún sigue encendida. Y te quiero. Y resulta que me estoy empezando a querer. Casi tanto como te quiero y las he querido. Y resulta que lo he empezado a entender. Que las mejores aguas son las de uno mismo y que las peores tormentas las fabrican nuestras propias nubes negras. Y resulta que el amor y el brillo de tus ojos lo cura todo. Y ...
Confesiones del corazón tras la tormenta.