Quedarte duele. Y la libertad se escapa entre versos. Sería perfecto imaginar que nunca exista la ausencia. Seria perfecto pensar que solo con decirlo baste. Más duele aún si faltas. Si los silencios se hacen costumbre y forman huecos en las vidas. Ya ves, duele igual, pero que feo sería si no doliera. Tiene que ser así, dolorosamente perfecto. Escocer para amar. Sangrar para sentir. Irse para volver. Quedarse para no estar.
Mirar también duele. Y reírse a la vez. Y juntar las manos, cerrando los ojos. Insisto, tiene que doler. Tienen que salir llagas. Es la única manera de que sea libre. De que sea de verdad.
No es drama, es hacerlo creíble. Es llegar a odiarse justo después de decir te quiero. Es olvidarse de para qué estás en este mundo. Es solo pensar y repensar en las formas posibles de quererte.
A mí ya me está doliendo. Hace días. Semanas. Y eso es bueno, dicen. Si duele es que sientes y si sientes es que quieres. Brota amor como brota la sangre...a chorros..
Con un clásico de Queen sobre qué demasiado amor te mata, cierro el post sobre que tiene que doler para amar.

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