Qué bien te quedan. Ojalá a mí me sentaran igual. Ojalá el resultado fuera siempre el mismo. Eres capaz hasta de sonreír. Se te caen solas las sonrisas. Yo mientras trato de recordarlo todo. De no olvidar ni un solo detalle. Los dedos tuyos dibujan pinceladas, rasgos finos y compasados. Mis manos tiemblan como siempre y sufren. Y mi cuerpo se encoge y se cierra y se busca como refugio. El tuyo vuela, fluye. Es agua y es aire. Es ligero. Pero aún así casa noche quiero seguir donde me quedé. Que la historia arranque donde acabó ayer.
Que bonitos deben ser los tuyos. Ojalá pudiera colarme dentro. Ojalá no fueran unos maestros del engaño y unos creadores de madejas emocionales como los míos. Llegará el día en que no tenga que entenderlos, en qué simplemente estén, vengan, hagan y se marchen. Algún día todos serán buenos. Algún día se dejarán alcanzar. Algún día cumplirán lo que enseñan. Algún día serán como los tuyos. No los veo pero me los imagino.
Saben más de mí que mi propio corazón. Y son los culpables de mis todos. De mis aciertos y de mis fallos. De mis manías, de mis porqués. Desquiciantemente indispensables. Los tuyos deben ser poesía. Cantos de libertad. Dibujos animados de preescolar. Fáciles, simples y divertidos. Pura armonía de colores y sonidos... música celestial.
Simplemente decir, que canta muy bien. Y con una de sus canciones cierro el post sobre lo que pasa cada noche cuando dormimos.

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