Sigue faltando un trozo. Un pedazo grande. Habrá que seguir andando, con los ojos cerrados. Con los pies sangrantes, los puños apretados. Y luciendo sonrisas, recargando la esperanza. Y por supuesto, que no falte, una mochila enorme llena de paciencia. Sin límite. Hace falta mucha. Nada de escuchar gritos, nada de ir con la cabeza baja. Nada de quejarte de lo mucho que duelen las más de mil heridas de tu cuerpo. Nada de mirar atrás, nada de usar las rodillas. Falta sí, un poco, mucho o bastante, lo que tú quieras. Pero es la perra vida, la que te pone retos, etapas, metas imposibles. La que dicta las normas. La que se asegura ganar. Pero y lo dulce que será, cuando ganemos...Lo haremos, ganar, victoria a victoria, día a día. Aunque sea irremontable. Somos los mejores...y eso la vida, no lo sabe. Ni se lo espera. Llegaremos hasta el mar, hasta el final del arcoiris, o hasta la última dichosa casilla de este juego imposible que se ha inventado la vida. Y ganaremos porque tenemos la ...
Confesiones del corazón tras la tormenta.