Nadie en aquel pueblecito alemán llamado HERMULHEIM, podía imaginarse que tuvieran un habitante tan famoso. El dueño de un karting de esa localidad, acababa de construir un kart hecho con madera, para seguir soñando con lo que siempre quiso: PILOTAR UN FORMULA 1. Él ya no podía hacerlo pero su ilusión y su devoción por conseguir esa meta se trasladaron a través de aquel pequeño kart a sus hijos: RALF Y MICHAEL. Sobre todo al segundo. Nacía así la figura de MICHAEL SCHUMACHER. Aquel niño que tenía solo 4 años decidió usar el kart construido por su padre y lo convirtió en un juguete, en su vida, en cuestión de meses derrapaba, volaba y aplastaba a los niños que jugaban con él y con sus coches en el karting de su padre. Lo de estudiar no era lo suyo, Michael era un niño inteligente, pero demasiado inquieto para centrarse en los libros, necesitaba sacar sus nervios con el pilotaje, lo único que le hacía feliz, aunque destacaba en todos los deportes: tenis, fútbol, atletismo... por su...
Confesiones del corazón tras la tormenta.