F ue de casualidad, como todas las cosas importantes. Se acercó y dijo que le gustaba la letra, que lo de menos era que fuera pesimista . Con los ojos tristes y la sonrisa apagada había sido capaz de ver una poesía en un absoluto caos. Gracias a ella, lo vi claro. Por muy torcido que escribas, siempre hay alguien capaz de enderezarlo todo. No la creí. Porque no suelo creer en los halagos fáciles. Soy de recibir palabras de piedra y gestos duros. Y menos sin avisar. Pero sin duda tenía razón. Ella la tenía. Había luz en aquellas líneas negras. Con un chándal por ropa y un evidente desánimo había creado algo bonito. Bello, emotivo. Capaz de hacer reaccionar a un alma como la suya, a oscuras desde hacía tiempo. Hizo pompas con la brisa que se escapó de su carcajada y se encendieron las luces, las de sus ojos y la de mi destino. Pero no tiene que preocuparse por nada. Soy torpe, pesado y terriblemente indeciso en temas de amor. En llevarlo a cabo. Volví a mis líneas oscur...
Confesiones del corazón tras la tormenta.