P rometo que será la última vez que tiemble. Que nunca más me verás dudar de esta manera. Con mucho cuidado me coges de la mano y me señalas el cielo estrellado. Yo solo veo silencio y espacios no conquistados. Sonríes y dices que agradezca que lo haya intentado, pero que no puede ser. Me dejas arriba. Tan alto que asusta. No tengo alas y jamás he saltado tanto y ni pensar en mirar abajo otra vez. Descubro que el cielo no es como lo habían pintado y que los ángeles son todos feos a tu lado. Rompo la promesa más corta del mundo y tiemblo. Tal vez con los nervios me salgan brazos firmes para poder volar lejos de aquí. Tal vez me haya acostumbrado a estar abajo. Es muy complicado estar arriba y más si no quieres estarlo. Cierro los ojos y pienso en todo lo que ha pasado, en como hemos llegado. Veo el humo y escucho el ruido. Siento el calor del fuego como si me estuviera quemando, cuando estamos en pleno invierno. Lo lejos que ha quedado cuando no temblaba, cuando no era...
Confesiones del corazón tras la tormenta.