Ahí está, todos somos pequeños, miserables, enanos, hormiguitas, desde allí arriba. Nos mira, nos espera, pero ya no es un desafío. El EVEREST, sigue imponiendo, sigue siendo difícil, pero ahora es un producto más. Como si de un fin de semana en un spa se tratara. Un producto comercial al alcance de los ricos que no saben que hacen con su dinero y quieren presumir de retos. Por 80.000 euros más o menos, varias agencias de viajes y de retos deportivos, hacen que subas al Everest en algo más de dos meses, con todo pagado: sherpas, botellas de oxígeno sin límite, kit de escalada completo, kit de campamento completo... da igual que no tengas experiencia, pagas y subes. Si pagas menos, puedes viajar, pero nadie te garantiza la subida a la cima, si quieres subir, lo harías sin ayudas... Dramático oír esto, terrible, el capitalismo también se ha apoderado de este elemento épico como es subir a la cima del mundo, dejando en nada los históricos ascensos de aquellos alpinistas de...
Confesiones del corazón tras la tormenta.