Fuimos uña y carne, he aprendido tanto de tí. Seguro que tu orgullo te prohibe reconocer que tú tambien de mí. Porque emulando el libro de JANE AUSTEN, fuimos orgullo y prejuicio. Tan diferentes, tan imposibles... pero unidos como una piña, inseparables...o no? Tú siempre negando lo que sentias para hacerte el fuerte, yo perdiendo demasiado tiempo en pensar y analizar antes de actuar. Yo era la calma y tu el latigazo que ni siquiera se siente de lo rapido que viene. Mi amigo, mi alma gemela, el que me dio la vuelta, como a un calcetín, el que me puso siempre de cara a la corriente favorable. Yo era la suavidad que te faltaba, la pausa necesaria, el lado blando, el cojin donde ahogar tus penas de hombre herido. Sé que estás mejor sin mí. Siempre tuviste esa capacidad de conectar con la gente y de arrastrar a miles de personas contigo, a tu voluntad. Yo en cambio, me quedé solo. Herido, confundido, sin saber lo que habia pasado. Pensando que te conocia y sin darme cuenta que habia ...
Confesiones del corazón tras la tormenta.