Uno apenas tiene forma. Tiembla como un flan, y se mueve lentamente. En cambio, no duda, es de ideas firmes y le da igual si no le obedeces. Aplica lo que piensa, sin mirar el resultado. La otra cada vez es más dura, en todos los sentidos. Fría, compacta y ahora sin piedad. Es buena, pero no se corta. Tampoco duda, aunque no ha logrado imponerse aún a la otra mitad. Y así vamos, formando parte del mismo conjunto, pero sin liderazgo. Por libre. No les va mal del todo, yo diría que cada vez se apañan mejor. No son tan diferentes. En la estructura si, pero en las intenciones son la misma cosa, persiguen lo mismo. Felicidad y amor. Si les das la vuelta, no obtienes lo mismo. No le puedes pedir a ella que sea débil, que no tenga forma ni carácter. Ni le pidas a él que tome las riendas, que sea duro, implacable, letal. Ya lo fueron y no consiguieron nada. Ahora están en la forma correcta, en la posición exacta. Simbiosis perfecta. Las dos mitades son mías. Una protege, defiende y ...
Confesiones del corazón tras la tormenta.