Ahora he descubierto que encima enganchas. Que además de estar carente de lógica, eres una lapa. Que no te basta con hacerme alternar, según tú único criterio, dolor y alegría, sino que pretendes quedarte ahí para siempre. Has demostrado que dices no quererme pero no piensas irte de mi lado nunca. Manifiestas que somos dos cuerpos libres pero te agarras a mí espalda y a mí pecho con toda tu fuerza. Todo muy lógico si señor, muy coherente. Pero si no consigo despegarte, caeremos los dos, o volaremos, o tal vez lo consigamos. Lo que está claro es que no me vas a parar. Que lo digan, es cierto. Te llevo enganchada a la espalda. Colgada como un saco. En el fondo es lo que quieres, retenerme. Porque antes molaba. La situación y molaba yo. Ambas cosas. Porque si vuelvo a molar que sea solo como lo hacía contigo, si vuelvo a ser detallista, romántico y casi casi perfecto, que sea contigo. No vas a permitir que recupere el espíritu y sean otros los que me disfruten. Ahora lo e...
Confesiones del corazón tras la tormenta.