R ecoge las estrellas que van cayendo. Y las que se encuentra por el camino. Nunca buscó la gloria. Solo cree en caminos y en pasar por la vida dejando cosas en la memoria. Le hago mucho caso, no entiende de nada, es rudo, triste y solitario y confiesa que aún sueña con princesas. Sabe de saltar más que nadie, de esconderse y de salir por donde menos te lo esperas. Ha hecho de sobrevivir en soledad, su mayor arma. Vive en un mundo de hadas que se cae a pedazos y donde nunca sale el sol. No tiene dueño pero yo puedo decir tranquilamente que es mío. Es parte de mí. Aunque los dos estemos terriblemente solos. Cuenta mis cicatrices como suyas y sus batallas son mis guerras perdidas. Y si caigo, viene. Y sin palabras ni reproches me levanta. Y si cae él, mi mundo se derrumba y volvemos a empezar. Estiro la mano y siempre está y me daría su última vida si se la pidiera. Encantado. Su cuerpo cabe en una taza pero su corazón necesita otro mundo de lo grande que es. Y el mío s...
Confesiones del corazón tras la tormenta.