Huyo. Porque no soy capaz de aguantarle la mirada. Porque el amor me mira de frente y me hace sangrar las costuras. Si pudiera fabricarme un escudo y una lanza, para plantarle cara. Si pudiera me convertiría en flor, o en nube o en el mismísimo sol. O en algo que venciera al miedo para siempre. Me quedaría con los ojos, con los míos, esos que no miran pero dicen tanto. Mejor ellos que mi boca, atascada en el renacimiento y en las dudas, o que mis manos torpes incapaces de sostenerte si se diera el caso. Y pediría una voz firme, elegante y que te cautive. Si pudiera, la pediria.
Entonces seríamos el rey de la pista y la reina del baile. O ese DJ que siempre pincha nuestra canción. Si pudiera lo seríamos. Si pudiera hablar igual que escribo, o sentir igual que pienso o si los hombros no estuvieran llenos de problemas. Ojalá pudiera. Ojalá.
Tendría sueños transformados en deseos y esperanzas teñidas de dorado. Un cielo para mí. Sin tormentas ni truenos. Y una vida contigo. Tu y yo. Real, auténtica y nuestra. Pero no puedo. Y por eso huyo. Porque el amor me supera, me vence y me hace claudicar. Se ríe, me humilla. Riega las cicatrices y las hace crecer. Por eso no puedo. Ni mirarte ni hablarte, ni cantarte nuestra canción.
Pide paciencia y la verdad que pida lo que quiera porque se lo merece. Con la impresionante voz de Adele, cierro el post sobre intentarlo y no poder...

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