Vas a volver. Porque siempre lo haces. Es cuestión de tiempo. Y yo haré como el mosquito de la canción, seguir tú luz aunque me lleve a morir. Tan tonto sí. Tan rematadamente imbécil. Caigo una y otra vez. Pero me gusta, disfruto. Aunque luego llore, me quede con la miel en los labios o vuelva a sufrir, a mí me gusta que vuelvas. Y que encima lo hagas cuando quieras, de golpe, cuando menos lo espero. Para hacerlo todo más grandioso. Para que te quiera más de lo que ya te quiero. Para que luego duela más que te vuelvas a ir. Para que te eche más de menos. No soy capaz de cazarte. Pero tampoco navegaré lejos de tus aguas. Nunca. Y si la marea me alejase, tú vendrás. Porque es el destino o una obsesión mutua. El perseguirnos, el jugar al pilla pilla, el hacer trizas los intentos de vida ordenada que tengamos sin el otro. No lo dirás pero te afecta. No por seguir la luz, ni por qué te clave arpones, sino porque son otras aguas, otra calma. Te desestabilizo, te mareo y te e...
Confesiones del corazón tras la tormenta.