Estaba al otro lado. Esperándome por si quería su ayuda. Había demostrado que no pasaban los años, que no importaban los golpes. Ahí estaba, moviendo la cola y loco de alegría. Porque no pueden ser los demás como él. Porque no podíamos ser todos perros. Ni siquiera sabía que había llegado hasta aquí, pero me alegré. No por mí, por el. La ayuda te la daré yo a tí, fiel amigo. Está vez me toca. Sesión extra de caricias y mimitos para mí consentido, mi apoyo, mi pilar. Mañana a vivir aventuras, otra vez juntos. A ladrarle a los molinos, al sol y a las condenadas avispas. No somos Dorothy y su perrito, ni este mundo es el mago de Oz, que con pedir un deseo basta, más bien somos Lucky Luke y Rantamplan. Tonto pero leal, sumiso pero valiente y nadie tan feroz como tú. Que digan y se rían, nosotros avanzamos. Porque el mundo todavía es un desierto pero los buenos y los capaces somos nosotros. Te he echado de menos, y tú has librado miles de batallas sin mi, así que miedo ninguno y ...
Confesiones del corazón tras la tormenta.