P intate pecas por todas partes, rizate el pelo y ponte los pantalones más anchos que encuentres, pero las cicatrices no las tapes. Ni las olvides. Recuérdale a ellas quién manda aquí. Que la piel es tuya y el corazón y la cabeza también. Que serán para siempre sí, pero que ya no duelen si pasas el dedo por encima. Puedes ser lo que quieras, tormenta, aire, río o sed, lo que quieras, pero no las olvides, porque se lo debes todo a ellas, a las dichosas cicatrices. Y muy dignamente oye, que en este caso, cuántas más mejor. Más sufrimiento, más aprendizaje, más golpes, más dolor, más lágrimas, más carcajadas. Les debes la vida, la luz y la ilusión. Y pensar que te lo hicieron pasar tan tan mal...La verdad no tenía pinta, no olía muy bien esto y ahora mírate, lleno de cicatrices sí pero presumiendo de ellas. Y vas a enseñar a los demás a los que tienen como tú el cuerpo plagado. Bailas cuando no sabes, ríes aunque te dé vergüenza y crees como nunca dejaste de hacerlo. Y e...
Confesiones del corazón tras la tormenta.