Hay monstruos bellos. Que no te esperas para nada que sean capaces de asustarte. Hay monstruos que te inundan de amor, que te poseen con palabras bonitas. Hay monstruos que cantan nanas y mecen cunas. Hay monstruos escondidos en las mejores sonrisas y en corazones divertidos. No hablaré de ellos. Ni de ellas. Luego vendrán a buscarme por la noche y será peor. Otra vez no, ya tuve bastante. Por eso lo mejor es no nombrarles. Aunque sean tremendamente carismáticos e irresistibles. No. Ni se me ocurriría hacerlo.
Los que me atacaron a mí siguen sueltos. No tuvieron bastante conmigo. Pero les debo gustar porque siguen al acecho. A mí me engañaron con sus disfraces. Con su belleza y su dulzura. Con su amistad. Me sedujeron. Jamás pensé que eran monstruos. Llegué a adorarlas, a defenderlas contra viento y marea. A creermelas. Llegué a matar a los Cazafantasmas que venían a por ellas. A eso y a quererlas. Mucho. Aunque me produjeran el mayor de los dolores. Aunque me quitarán el sueño todos los días. Las quise. Me enamoré de esos monstruos.
Incluso he vivido entre ruinas por ellas. He caminado entre tumbas esquivando la que podría ser para mí. Por esos monstruos. Pero no hablaré más. Dije que no lo haría y lo he hecho. No hablaré de las monstruos. No quiero más sustos, más pesadillas, más gritos. No quiero. Aunque reconozco que el mundo sin el miedo que ellas me dan, no es lo mismo.
Versionando a los Bee Gees, estos chicos torturados por una loca de preguntan cuánto les quiere...con ellos cierro el post sobre lo adorable que puede ser si te enamoras de un monstruo.

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