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HILOS ROJOS Y OVEJAS NEGRAS

 He llorado todas las noches esperándote. Pero ahora el tiempo de lamentos me ha traído tu corazón. Un poco más cerca de mi destino. Por fin, siento tu mano en la oscuridad, tan fría pero que me da tanto calor. Qué bien se está en tus brazos. Por fin. Abrazos llenos de esperanza. He pensado en tí miles, millones de noches. Soñando con atravesar de una vez por todas las tormentas que me rodean. Y te pensaré millones de noches más. Todas las noches hasta el final de mis días. Aunque te haya encontrado. Te pensaré igual. Saldré a buscar el hilo rojo que me marque el camino hacia el arcoiris que acabará con el diluvio. Encontraré a la oveja negra que se niega a ser contada por las noches. Sólo quiero subirme ahí y oler otra vez el cielo. Abrir los brazos cómo lo hice una vez.


Y ponerme a saltar, creerme invencible. Y lo haremos juntos, de tu mano. Millones de veces, cómo niños pequeños que nunca se cansan. Le explicaré a la oscuridad que ya no tengo miedo ni a ella ni a nadie. Que si lloro no es de tristeza, que si no duermo, es porque sueño despierto. Con los amaneceres viendo a Venus, inventandonos estrellas y riendo como antes. Como nunca. Como siempre. Y romperemos la cama a base de saltos, destrozaremos obstáculos y vacilaremos al cruel espejo.

No pienso dejar que ninguna de estas pesadas tormentas que me acompañan aún, aparte tu mano de mí, me deje otra vez sin tus abrazos. Me congele de nuevo. No pienso dejar que los huracanes que se llevaron mis sueños, te lleven de vuelta al cajón del olvido. Siento que éste es el camino. Que estoy cerca. Eso es lo que quiero, llegar al final y romper la meta en dos. Demostrar que pude, que lo hice de nuevo y que el sol siempre vuelve, con o sin arcoiris de por medio.

Al final sucumbió a las tormentas que le acechaban y se la llevaron. Una vida plagada de desgracias y problemas, pero alguna vez lo consiguió y eso es lo que importa. Nos dejó su voz, una de las mejores de la historia y con un ejemplo de ello, cierro el post de hoy.



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