Llámalo como quieras. A ese silencio tuyo después de mis palabras. A ese misterio que envuelven tus actos. Ponle nombre al descaro tan tuyo y tan frecuente. Y a mí increíble torpeza para no darle la vuelta a las cosas. Y a lo nuestro. Y de paso etiqueta lo que hice contigo. Y por tí. Tachalo con tipex y escribe encima. Yo soy más de borrones. Llegando incluso a romper la hoja y volver a empezar. Pero está vez se acabo. Ya no quiero escribir para luego borrar. Ya no tengo más hojas. Ni sueños.
Me dedicaré a leer lo que otros escriben. A volver a los tiempos donde todo era ilusión por estrenar cosas. Al olor a nuevo. Me dedicaré a encontrarle algo agradable a los lugares donde sufrí. Y a comer cosas que solia comprar para ti.
Y si rompo alguna hoja será porque adoro la perfeccion y no hay goma que pueda corregirlo. Me inspirare en los mejores momentos y seguiré haciendo el castillo más impenetrable, que últimamente se me han colado muchos.
Le diré a mí Ejército que esté mas atento y que no se deje engañar por espejos, aguas claras y sirenas con coronas. Aunque el principal culpable soy yo. Por ponerle nombre a esto. Por intentar utilizar palabras que ya tenían dueño. Por no hacer caso. Por querer negociar. Por tirar para adelante contra viento y marea. Hay que saber parar, aunque haya molado mucho lo vivido mientras avanzaba.
Se le pueden decir muchas cosas, afeminado, exhibicionista, genial...por ponerle nombre a las cosas. Con este personaje y su único exitazo rockero, cierro el post sobre la importancia de identificar las cosas...

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