Alguien decidió derribarte. Alguien se dedicó a poner palos en tus ruedas. Alguien pensó que era mejor que no te rieras más. Alguien sigue pendiente de que no te levantes. No sé quién es, no le conozco, pero se que está ahí. Alguien lucha contra todo lo que quieres y deseas. Alguien está poniéndose nervioso. Cada vez cuesta más. Cada vez te quita más terreno para nada. Ese condenado alguien es muy cabezon. Demasiado. Mejor para mí. Tengo una excusa, un alguien contra quien pelear. Un alguien para apartarlo de tu vida. Un alguien a quien molestar por haberte molestado a ti. Gracias, alguien.
Porque créeme, es de agradecer. Ese alguien te ha hecho más fuerte, más poderosa, más tú. Más lo que eres hoy. Ese alguien está haciendo sin querer que creas que puedas. Ese alguien te enseñó que no necesitas nada. Ese alguien es culpable de esculpir tú corazón en acero inoxidable.
Y yo lucho contra el, aunque le esté agradecido. Porque una cosa es forjar a una guerrera y otra cosa es intentar derribarte. Y por ahí no paso. Ya está bien de buenas palabras y reverencias. Ya está la deuda saldada con ese alguien.
Ahora se tiene que ir. Ya no hace falta su presencia. Ya no tiene sentido que te apriete más. Ya lo has demostrado todo. Ya va siendo hora que vaya a torpedear a otro. Porque si guerrera mía, lo tuyo es de película. Es de trincheras, de barro y de aguantar. Yo no hubiera sido capaz. Yo tengo otros limites. Voy a quitarte ese alguien, aunque sea invisible para mí. Que no se entere ese alguien, que le vamos a vencer.
Le llamaron el duque blanco y con oírlo se explica solo. Con uno de sus clásicos cierro el post sobre ser héroes para alguien...y por alguien.

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