Bailas sola. Frente a mí. Y con eso pretendes explicarte. Intentas dejar que el silencio se convierta en melodía. Me pides que te acompañe, que así lo entenderé mejor. Lo mío son las miradas. Decirlo todo con los ojos. Y así nos va. Tú apenas hablas y yo no entiendo nada. No comprendo cómo se pueden empeñar tanto en quererte, porque me obligan a seguir contigo y para tí. No sé porque mis ojos se alimentan de los tuyos. Única y exclusivamente. Como si lo demás no importara. Sin música, sin techo, sin suelo. Solo bailar e intentar aguantar la mirada. Aunque caiga la tormenta interminable.
Quedaron los charcos y tus huellas. Solo las tuyas. Y yo las sigo. Y las seguiré. Aunque solo tenga eso de tí. Huellas. Un rastro que me lleva siempre a encontrarte. Como algo automático, instintivo y porque no... necesario también.
Se cierran y te buscan. Te encuentran entre sus pestañas y sus lágrimas. Y lo tiñen todo del azul más triste que encuentran. Y mira que son bonitos. Lo más bonito de mí. Pero se empeñan en parecer feos, secundarios y vulgares.
Porque si se quedan abiertos miran para abajo, o son esquivos, torpes e inestables. Muchos no los han visto bien por eso. Pero quieren seguir así. Bailando contigo y siguiéndote tras las tormenta, cuando seguramente ellos sean el único sol que nos haga falta.
Los de Eric Carmen, tenían hambre y aprendían a bailar de la mano de Patrick Swayze. Con esa canción de la banda sonora de Dirty Dancing, cierro el post sobre los ojos..los míos.

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